OEA enfrenta un impacto existencial
Corte de fondos, paralización de programas o la reconfiguración geopolítica sacudiría a un organismo criticado por su ineficacia ante crisis regionales
La Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) concluye este viernes y estará en juego su credibilidad ante la crisis humanitaria y de seguridad que se vive en Haití, tarea cuestionada y criticada por Estados Unidos, al punto de poner en duda la permanencia del país norteamericano, lo que representaría un severo golpe para el organismo.
En la segunda jornada de la reunión multilateral, celebrada el pasado jueves, el subsecretario de Estado de EU, Christopher Landau, cuestionó la razón de ser del organismo, al sugerir que su existencia pierde sentido si es incapaz de abordar con eficacia las crisis en Venezuela y Haití.
Landau explicó que el Departamento de Estado está revisando, por orden del presidente estadounidense, Donald Trump, la permanencia de Estados Unidos en los organismos internacionales, incluida la OEA.
La salida de Estados Unidos del organismo tendría un impacto importante, tanto política como financieramente.
EU es miembro fundador y principal promotor histórico de la OEA, su partida enviaría una señal clara de desinterés en el multilateralismo interamericano. Además se debilitaría la narrativa de la defensa de la democracia, Washington ha sido el principal impulsor de la Carta Democrática Interamericana, firmada en 2001.
De esta forma la OEA también perdería capacidad de influencia frente a gobiernos autoritarios, como Nicaragua, Venezuela o Cuba.
El principal temor para la entidad multinacional sería la crisis financiera inmediata, al perder a su principal aportador del presupuesto. Estados Unidos actualmente entrega 50 por ciento de los fondos, la falta de estos recursos podrían paralizar las misiones de observación electoral, programas de derechos humanos, anticorrupción y justicia, además de apoyos técnicos a países en crisis como Haití.
Otro aspecto que sacudiría al ente sería la apertura de otros actores internacionales, como China y Rusia, considerados los principales enemigos de Estados Unidos.
Actualmente China ha mostrado un importante acercamiento económico con países del Continente Americano, lo que ha despertado el descontento de Washington, por lo que el abandono de la OEA podría ser aprovechado por Pekín.
En la jornada de apertura de la asamblea, EU y China chocaron con reproches velados sobre la influencia de actores externos en América Latina. El representante chino, Xie Feng, había defendido el modelo de cooperación impulsado por su país y destacó los cinco programas anunciados por el presidente Xi Jinping, tras la reunión ministerial entre China y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).
Y reiteró que China busca construir una comunidad con América Latina y el Caribe con un futuro prometedor, sin agendas ocultas, y rechazó cualquier intento externo de frenar ese objetivo.
Por otro lado, grupos antagónicos de Estados Unidos probablemente verían el retiro como una victoria simbólica. La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) conformada por Venezuela, Nicaragua, Cuba, Bolivia, entre otros, han considerado a la OEA como un instrumento de Washington.
Asimismo, el bloque quedaría debilitado y podría conformar nuevos grupos, o fortalecer alianzas paralelas como el Celac, ALBA o la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).
La salida de Estados Unidos de la OEA representaría una crisis existencial para el organismo. Más allá del impacto económico, implicaría un desplome simbólico de su estructura de gobernanza democrática y una reconfiguración del equilibrio geopolítico en América. En el mejor de los casos, podría catalizar una renovación de la OEA con mayor liderazgo latinoamericano; en el peor, conduciría a su marginalización o disolución.


